Francisco Javier Sití, Comandante General de Misiones │ por Luis F. Solé Masés.
Este caudillo Misionero tuvo una vida dentro del campo de batalla, repleto de zigzagueos y contradicciones propios de la turbulencia de periodo revolucionario y luego el inicio de la anarquía. Fue un capitán importante de Andrés Guacurari y Artigas, y al frente de tropas Misioneras combatió a Manuel Belgrano y a los porteñistas en Santa Fé.
Caído Andrés, y luego Pantaleón Sotelo, asume como Comandante General de Misiones. Abandona a Artigas, migrando al bando de Pancho Ramirez, produciendo una guerra civil entre los misioneros que se enfrentaron divididos en Asunción del Cambaí. Pide auxilio al portugues Das Chagas, enemigo mortal, y repasa con los restos del ejercito misionero el Rio Uruguay en Diciembre de 1820. En 1827 abandona a los portugueses y se suma a las tropas republicanas en la guerra contra el Imperio del Brasil.
Finalmente se asienta en la actual Uruguay, donde pasa sus últimos años, no sin estar enredado en varios tumultos violentos. Pero acà llego al nudo del articulillo, el cual no pretende ser una biografía de Sití, ni nada cercano a eso.
En 1821 un naturalista francés se encuentra con él, mientras recorre territorios portugueses en América. August Saint Hillarie, llega al poblado de San Miguel, donde nuestro héroe era autoridad e intenta entrevistarlo. Evidentemente Sití no se mostró nada interesado por atender al europeo, y éste lo refleja asi en sus memorias.
Como norma estos personajes blancos eran empleados de la inteligencia de quien sabe qué País que los financiaba, y darle información era algo impensado por parte del experimentado Sití. Así Saint Hillarie describe a nuestro héroe, siendo la más extensa personificación conocida del mismo.
“Encontré a un hombre de unos cuarenta años, de aspecto insignificante y estatura mediana. Su piel blanca y rosada podría hacerlo pasar por blanco si el cuello corto, la dureza de los cabellos y la extensión de los hombros no demostraran claramente su origen mestizo; vestía, cuando lo visité, un mal uniforme rojo; usaba una camisa muy sucia y un lienzo azul en torno de la cabeza; varios gauchos, que parecían bandidos de melodrama, estaban sentados en bancos. En medio del cuarto, una gran valija inglesa; tres o cuatro relojes estaban expuestos sobre una mesa y se veían en un estante varios utensilios. Siti permaneció de pie durante todo el tiempo que duró mi visita, y ni siquiera me invitó a sentarme, aunque creo que actuó así más por falta de costumbre que por arrogancia”.

Luis Federico Solé Masés │ Misionero. Docente, Productor de cultura, Escritor, Investigador Social e impulsor del Deporte.
